Cultura de la dieta: ¿Cómo empiezo a sanar mi relación con la comida?

06.07.2020

¿Llevas toda tu vida a dieta pretendiendo encajar en un cuerpo que no es el tuyo? ¿Has tenido conductas compensatorias después de una ingesta grande y has sentido culpabilidad? ¿Te hieren profundamente los comentarios sobre tu aspecto físico, especialmente los que tienen que ver con la forma de tu cuerpo? ¿Te sientes mal cada vez que vas a comprarte ropa? ¿Sufres ansiedad por la comida? ¿Te cuesta parar de comer ciertos alimentos ¿Hay algún alimento que tengas "miedo" de comer porque sientas que "no es sano"? ¿Sientes cierta obsesión por comer solamente "comida real"? ¿Te cuesta mirar o sientes incomodidad hacia la visión de cuerpos diversos (de todos los tamaños y formas)? ¿Sientes que cada año antes del verano empieza la operación bikini para ti? ¿Varía tu estado de ánimo en función de si "te has portado mal o bien"? ¿Crees que hay alimentos "buenos" y alimentos "malos"?

Si te sientes identificadx con las preguntas planteadas, entonces muy probablemente tú también eres víctima de la cultura de la dieta. No te preocupes, toda la sociedad lo es.

A menudo vienen a consulta personas que quieren bajar de peso y realmente no lo necesitan. No pasa nada porque quieras cambiar tu aspecto físico, pero hay que pensar muy, muy bien desde dónde lo vas a hacer. Pues te contaré un secreto: No vamos a tratar el objetivo de pérdida de peso hasta que atendamos primero tu salud mental.


Es peligroso centrarnos en mejorar composición corporal cuando hay una evidente mala relación con la comida detrás, o incluso cuando dicha relación tormentosa no es tan evidente y simplemente vivamos con la mentalidad-dieta. Es peligroso porque esto, no solamente no funcionará (ya que no seremos capaces de regular nuestra hambre emocional), sino que además puede empeorar nuestro proceso de sanación mental.

Corremos el riesgo en entrar un bucle de confusión de conceptos: podemos entrar mentalmente en la cultura de la dieta incluso aunque nuestro nutricionista no esté a favor de la misma, entender los términos solamente en su dicotomía y extremos (bueno-malo, sano-insano, prohibido-permitido), y perjudicar aún más nuestra relación con la comida al introducirnos en un camino de supuesta mejora física.

Si primero no tenemos atendido el plano mental-emocional, no entenderemos el proceso de tratamiento nutricional como una mejora de salud, sino como una obligación de autocontrol forzado, un castigo por nuestra dejadez, un autocuidado impuesto. Lo peor es que podríamos pensar que solamente obtendremos validación externa (e interna) una vez hayamos "curado" o "arreglado" nuestra situación física. Y esto no será así. Ya que no podemos permitir que nuestra felicidad dependa de nuestra salud física o nuestra apariencia, esto es algo absolutamente insostenible.

Por lo tanto, si hay una mala relación con la alimentación y/o un autoconcepto dañado, PRIMERO hay que enfocarse en mejorar ese aspecto, a no ser que se trate de un tratamiento nutricional urgente para alguna patología concreta.

Para esto, un nutricionista está muy limitado y corre riesgo de incurrir en una intrusión profesional. Podemos empezar a conectarte con una alimentación emocional saludable, pero es posible y probable que debas acompañarte de un psicoterapeuta especializado, especialmente si tus miedos son profundos y la relación con la comida está muy dañada. Sé consciente, reconoce el problema y ya tienes la mitad del camino hecho.


¿Qué podemos hacer para sanar nuestra relación con la comida y salir de la cultura de la dieta?


Todo empieza por reconocerlo y, seguramente, pedir ayuda profesional. Tendrás que desaprender mucho y reaprender otro tanto, y lo siguiente puede ayudarte:

  • Deberás reformular lo que significa la salud para ti. ¿Encajar en un cuerpo ideal o en cambio ser ágil, tener energía, ausencia de enfermedades, digestiones aceptables y salud mental? Existe, de hecho, la persona diagnosticada con sobrepeso que es metabólicamente más saludable que cualquier persona con bajo porcentaje de grasa corporal que no se cuide adecuadamente.

  • Practicar la atención plena mientras comes o el mindful-eating para recuperar el placer por comer sin un propósito y reconectar con las sensaciones reales de hambre y saciedad.

  • Evitar conductas compensatorias (aquí importa mucho el DESDE DÓNDE lo hago) como el ejercicio intenso, los ayunos intermitentes, saltarse comidas, etc., ya que lo que nos transmiten es el pensamiento de que hemos obrado mal y debemos castigar nuestra mala conducta mediante una compensación.

  • Entender que la comida es cultura, gastronomía, placer y emoción. Y permitirnos eso.

  • Conocer los distintos tipos de hambre y atender todos y cada uno de ellos: hambre física, emocional, visual, auditiva, etc.

  • Aprender educación nutricional básica basada en ciencia y olvidar todos los mitos que nos han generado miedo ("la fruta por la noche engorda") o falsas esperanzas ("agua tibia con limón en ayunas es quemagrasas"). Mucho cuidado con esto.

  • Apoyarse de terapia psicológica para trabajar autoestima, amor propio y autocuidado.

  • Hacer limpieza de redes sociales que te generen mala energía: si estás constantemente viendo la vida perfecta de los influencers, al final tu mente acaba creyendo que eso es verdad y que tú no lo tienes.

  • Salir a la calle y consumir diversidad corporal real: fíjate que la normalidad son los cuerpos de todas las formas y tamaños.

  • Háblate bien. Empieza por atenderte y comprender todas las necesidades de las diferentes partes que hay dentro de ti.


Puedes cuidar tu salud física y eso no te convierte en una persona superficial, pero por favor, hazlo siempre preguntándote por qué y cómo lo haces.